Y al séptimo día, resucité.
24 de julio de 2009
23:31
BANDA SONORA - DIA 7: KISS - Rock and Roll All night
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Voy a empezar el post del día de hoy con un video sobre Brasov que he encontrado en la web de Youtube. El video no es más que un simple montaje con una sucesión de imagenes mientras suenan distintos ritmos musicales, pero sirve para hacerse una idea general de lo que uno puede encontrarse en la ciudad.
Brilla el Sol de la mañana en toda la comarca de Brasov. Me levanto recordando a unos rumanos que ví anoche cuando recorrí la Strada Republicii para ir a realizar mis compras al supermercado. Esta calle comienza en Piata Sfatului y termina en Bulevardul 15 Noviembrie, donde está el monumento a los caídos durante la Revolución de 1989, y es una de las calles más transitadas y animadas de toda la ciudad, ocupada en toda su parte central por las terrazas de los numerosos bares y restaurantes. En una de estas terrazas había un grupo de unos 7 rumanos cantando alegremente la conocida canción de Manolo Escobar que viva España, mientras alzaban sus jarras de cerveza para brindar y dos de las chicas que los acompañaban se marcaban un baile sin ningún tipo de pudor. Asombrado (e incluso asustado) proseguí mi camino.
Como todo ser humano, uno tiene sus necesidades. Recuerdo como lo primero que he hecho nada más levantarme ha sido ir al baño a hacer aguas mayores, así que tras adecuar el bater con papel higiénico, para no tocar partes comunes a otros traseros, gustosamente he depurado mi cuerpo con dos poderosos chorizos, como se dice en mi tierra. Las dos grandes masas amazacotadas de color marrón oscuro eran grandes como plátanos de Canarias y han conseguido la revitalización completa de mi cuerpo, generando una sensación de bienestar general a la par de aligeraban en varias centenas de gramos mi peso corporal. El problema ha venido cuando he ido a dar la bomba, ya que en este funesto bater no funciona la bomba correctamente por lo visto. Allí estaban mis dos criaturas pidiendo a gritos su destierro por la tubería mientras sobresalían varios centímetros por encima del nivel del agua taponando todo lo que sería la vía de escape. He intentado por todos los medios solucionar aquel desmadre pero, finalmente y con bastante recato, no me ha quedado más solución que llamar a Janos para que volviese a hacer funcionar la bomba que, por lo visto, había quedado atascada y tenía su truco para hacerla volver a funcionar. Con gran interés he observado y memorizado cada uno de los pasos realizados por Janos, no vaya a ser que mañana se vuelva a repetir semejante incomoda situación.
La madre de Janos me ha servido un desayuno a base de dos huevos cocidos, pan tostado y un café con leche, lo de sabroso vamos a dejarlo para otra ocasión más acertada. Esta señora me resulta ciertamente repelente. No sabría decir los años que puede tener pero que, por la edad de Janos, deduzco que rondará los sesenta y cinco. Entrada en carnes, morena de pelo alborotado, acostumbra a estar tirada en el sofa de la sala, roncando como un oso la mayor parte de tiempo. Cuando he salido del baño, y mientras me preparaba el desayuno, me la he encontrado lamiendo de forma bastante desagradable la tapa de un bote de lo que parecía ser algún tipo de crema o miel. Lamía de tal forma que he pensado que llevaba un mes sin comer. Con semejante escena delante, de repente mi cabeza a comenzado a divagar y me he imaginado a la susodicha lanzando flatulencias a diestro y siniestro, pero eso es otra historia que no os voy a contar.
A las diez he salido a visitar la ciudad. Como he decidido quedarme un día más en Brasov he dejado todos mis bártulos en casa de Janos, a excepción de la documentación que me queda, el dinero y la cámara de fotos. Uno ya no sabe de quién fiarse en este país.
En el centro de la Piata Sfatului (Plaza del Consejo) se levanta dominante la Casa Sfatului. A principios del sigle XV acogió el gremio de curtidores y posteriormente el consejo de los cien ediles, de donde ha derivado su actual nombre.
Recorro pues, en la mañana luminosa, la gran plaza que es el centro de la parte antigua de Brasov, dirección a la Catedral ortodoxa, a la que accedo a través de un estrecho pasillo que me conduce a un patio interior, donde se haya la verdadera iglesia. Una joven rumana enciende una vela en recuerdo de sus seres queridos me imagino. He intentado indagar el significado de las velas pero, hasta el momento, nadie me lo ha conseguido explicar. Al acceder al interior he quedado fascinado. Ha sido la primera vez que veía una iglesia ortodoxa y, como toda cajita de joyas que se precie, su interior, completamente cubierto con coloridos frescos tan característicos de este tipo iglesias, ha resultado ser una gran obra de arte para mis dilatadas pupilas, obligándome a retroceder en el tiempo e imaginarme a aquellos esforzados y mañosos artistas trabajar sus bóvedas.
Con razón consideran los rumanos a Brasov una de las ciudades más bonitas del país. Su recogido casco urbano alberga numerosas edificaciones de tiempos bélicos pasados, edificios de estilos góticos, barrocos y renacentistas, y la mayor iglesia de toda Rumanía: la Biserica Neagra (Iglesia Negra), que debe su nombre al color que adquirió tras un incendio sufrido en 1689 pero que tras una reciente restauración ha perdido casi por completo. La visita supone un coste de 2 leis, así que tras pagar mi tributo accedo a ver sus entrañas, que me decepcionan bastante y donde lo más llamativo para el turista, y cito textual lo que dice mi guía, "es una valiosa colección de alfombras turcas que los comerciantes locales donaron durante los siglos XVII y XVIII gracias al lucrativo comercio que mantenían con los países asiáticos". Para mi en cambio, ha resultado más interesante ver las marcas de proyectiles que hay en su lado izquierdo, las cuales perforaron la puerta y alcanzaron varias de las columnas durante la revolución de diciembre de 1989. Eso si que resulta interesante.
Dentro de la iglesia está prohibido fotografiar. No entiendo esa extraña manía que existe en algunas zonas de no permitir fotografiar dentro de las iglesias. Alguno me dirá que se dañan los frescos, incluso los materiales con los que fué construida, pero entiendo que mientras no se use el flash no hay perjuicio alguno. Ni corto ni perezoso, intento sacar una foto. El resultado os lo podeis imaginar: de patitas en la calle. No me he perdido gran cosa por lo menos.
Prosigo mi andadura en dirección a Strada Dupa Ziduri, una angosta calle peatonal que discurre paralela a la antigua muralla que servía de protección a la ciudad vieja por su parte Sur frente a un hipotético ataque turco. Me voy fijando en la numerosa suciedad que transporta un pequeño riachuelo que circula junto a ella mientras atravieso varios de los conocidos monumentos históricos de la antigua defensa de Brasov: Bastionul Graft (Bastión Graft), Turnur Alba (Torre Blanca) y Turnur Neagru (Torre Negra).
La Poarta Ecaterinei (Puerta de Santa Catalina) es la única entrada a la ciudad vieja que se ha conservado hasta nuestros días. Construida en un brillante estilo renacentista, en el centro muestra orgullosa el escudo de la ciudad y está rematada con cuatro torretas. Ojeo la guía y dice que "simbolizan el ius gladii, poder sobre la vida y la muerte de sus súbditos". Su traducción viene a significar "el poder de la espada" y es una antigua ley que ya se aplicaba en tiempos romanos y que se fundamentaba en el poder de ciertos magistrados para imponer condenas capitales y corporales dentro del ejercicio de su jurisdicción criminal.
El imperio es simple o mixto.
El imperio simple es tener "el poder de la espada"
para castigar a los maleantes,
lo cual se denomina también "potestad".
Ulpiano, 2 de off. quaest. D. 2.1.3.
El imperio simple es tener "el poder de la espada"
para castigar a los maleantes,
lo cual se denomina también "potestad".
Ulpiano, 2 de off. quaest. D. 2.1.3.
He tenido que salir del casco antiguo de la ciudad para ver, sin embargo y en mi humilde opinión, uno de los edificios más bonitos de la ciudad: St Nicolae din Scheii (Catedral de San Nicolás). Con una mezcla de estilos, gótico, renacentista y barroco, se trata de la primera catedral Ortodoxa de Transilvania, construida por encargo del príncipe de Valaquia Neagoe Basarab en el siglo XVI en sustitución de otra de madera de 1392, y ampliamente reformada posteriormente. La vista desde la entrada de la Piata Unirii con sus torres elevándose hacia el cielo como queriendo alcanzar la mano de un Diós todopoderoso es una de las estampas más fotografiadas por cuantos turistas se acercan a visitarla. Cuando la he visto me ha venido en mente el famoso logotipo del castillo de Disney, inspirado en el bellísimo castillo alemán Neuschwanstein, situado en la Baviera. Todo el suelo interior está cubierto de hermosas alfombras y por momentos me ha dado la sensación de que caminaba por el salón de casa de mi abuela. Como ya me ha ocurrido anteriormente, aquí también está prohibido el uso de cámaras. He conseguido sacar una desde la puerta principal de acceso aunque rápidamente se me ha acercado una señora ha llamarme la atención por semejante acto vandálico. Perdóneme Señor por no cumplir con su mandamiento.
Justo en frente y dentro del recinto que que la rodea se encuentra un pequeño cementerio ortodoxo donde un joven rumano estaba preparando el terreno para lo que parecía ser una próxima inhumación. Su entrada está adornada con bonitos y coloridos frescos donde se pueden ver representados los rostros de los apóstoles y la imagen de Jesús sujetada por dos ángeles. Otro día os contaré la aventura con un jovenzuelo rumano ortodoxo que tuve en Sibiu. Pero para eso aún faltan varios días por transcurrir.
He proseguido realizando un recorrido circular, visitando el Bastionul Thesatorilor (Bastión de los tejedores) y una de las más famosas calles de la localidad: la Strada Sforii (Calle de la cuerda). Es tan angosta que uno puede tocar con las manos ambos lados al mismo tiempo.
Hay un proverbio chino que dice "grande es la montaña, pequeño es el mundo", que viene a significar lo mismo que nuestro popular refrán "el mundo es un pañuelo". Desconozco si existirá algún otro similar en Rumania pero desde luego es igualmente aplicable. Y es que, ya de regreso a la casa de Janos, me he reencontrado con el danés que me sacó la foto en un restaurante de Bucarest días atrás. He hablado con ellos un rato y prosegido con mi andadura.
Ante la ausencia de Janos, he tenido que lidiar con su cansina madre mientras me preparaba unos exquisitos macarrones sobre el fuego de una bombona de gas que, con sólo ver el estado de la instalación, me hacía pensar que en cualquier momento eso podía estallar y aparecer en las crónicas de sucesos. La pobre mujer no entiende ni una sóla palabra en otro idioma que no sea rumano así que por mucho que intentaba hablarme no ha habido manera. Lo único que he sacado en claro de semejante situación es que me ofrecía azucar para hecharle a los macarrones (¿?) y que le huele el aliento a dragón, así que he recordado el grasiento cepillo de dientes que he visto esta mañana en el baño. Supongo que sería suyo.
El verano rumano es caluroso como el español y son comunes los días que se sobrepasan los treinta grados centígrados, alcanzándose en ocasiones valores superiores. El día de hoy no ha sido para menos y el sol ha brillado preciso y fuerte haciendo subir el mercurio a la par que bajaba la humedad. He optado por hacer caso a las recomendaciones que me dió Janos el día anterior y he subido a lo alto del Monte Tampa, sólo que en vez de coger el teleférico como me dijo él, he optado por ascender los escasos doscientos cincuenta metros de desnivel por un sendero zigzagueante que atraviesa un frondoso bosque antes de alcanzar las enormes letras con el nombre de Brasov que coronan la colina. Aquí arriba hay un mirador donde los turistas se retratan por turnos y un restaurante coronado por una gran bandera rumana visible desde toda la localidad de Brasov.
La última visita del día haciendo caso de las recomendaciones de Janos ha sido a Poiana Brasov, un pequeño poblado a 13 kms en dirección sur de Brasov que surgió a finales del siglo XX en una bellísima zona de pastos cuando comenzaron a explotarse las posibilidades de su estación invernal. El sitio cuenta con unos fantásticos hoteles, restaurantes y apartamentos, además de numerosas actividades para realizar tanto en invierno como en verano. El autobus que me traslada hasta allí cuesta 3 leis (0,71 €). Paseo un rato por la zona y me siento como si de repente me hubiera teletransportado a otro país, viendo la hermosa arquitectura de sus edificios y los flamantes coches de la adinerada gente que la visita. Pero el sol está poniéndose y quiero regresar a Brasov para poder ver el atardecer desde lo alto de la Torre Blanca, desde donde uno puede contemplar toda la ciudad junto al Monte Tampa de fondo, así que rápidamente cojo el autobús de vuelta y me dirijo a mi destino.
No existe mejor receta para reencontrarse con la paz y la armonía del espíritu, que sentir una aterciopelada brisa rozándote el rostro mientras uno observa, desde las escaleras de acceso a la Torre Blanca, caer la noche sobre sobre la ciudad Brasov y al Monte Tampa y su infinito bosque como telón de fondo. Su bosque eterno, guarida perfecta del oso que habita sus faldas. Y es que los bosques rumanos resultan mágicos, misteriosos, donde la acción del hombre parece no haber dejado huella alguna, bosques casi virgenes al fin y al cabo. Cojo aire, respiro profundo y me dejo llevar por una intensa sensación de tranquilidad.
Simpleza y pureza.
Al atardecer.
Sencillez y ternura.
Al atardecer.
Con una pizca de sol.
Al atardecer.
Voz en off. Lucrezia Lesvezac
Al atardecer.
Sencillez y ternura.
Al atardecer.
Con una pizca de sol.
Al atardecer.
Voz en off. Lucrezia Lesvezac
Son las once de la noche cuando regreso a casa de Janos y su madre. Ambos estaban dormidos con lo que los despierto al entrar yo. "I´m sorry" le digo a Janos, queriéndome excusar por la hora. Me preparo algo y me acuesto. Mañana me despediré de ellos.