La revedera Bucureşti, Sinaia Bine ati venit




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Comienzo un nuevo día en el albergue de Bucarest en el que llevo alojado, casi diría que encerrado, desde el día que llegué. Como ya viene siendo habitual, soy el primero en levantarse. Resulta llamativo que en estos cuatro días que he pasado en el albergue no haya coincidido con el típico personaje que ronca como el oso de las cavernas (toquemos madera por ello), lo cual al menos me permite poder descansar durante las horas nocturnas. En alguna ocasión, en viajes anteriores o cuando he estado alojado en algún refugio de montaña con objeto de subir alguna cima en Pirineos, he tenido el dudoso placer de compartir habitación con alguna de estas personas y, creerme, hay momentos a lo largo de la noche en los que uno no sabe si morderle directamente a la yugular o desear que se acabe el mundo.

Cocinando espaguetis en el albergue de Bucarest
Ser el primero en madrugar tiene la ventaja de que tienes toda la ducha solamente para ti, así que tras una rápida ducha y recoger la maleta me preparo los espaguetis que me sobraron de la noche anterior y pongo rumbo por cuarto día consecutivo a la embajada de España en Bucarest. Los guardias de la embajada me reciben con la pantomima de siempre, al son que me repiten las mismas frases de todo los días: "no movil" y "no photos". Llego a pensar si realmente eso es lo único que saben decir.


Ha llegado el ansiado momento de recoger el salvoconducto, un triste y simple papel con el que poder regresar a España en el que aparecen mis datos, una foto y el sello y firma de la embajada. Un sencillo trámite que se ha demorado hasta cuatro días. Quiero desde aquí denunciar el mal trato recibido por parte de la embajada, donde no se me ha facilitado apenas ayuda alguna durante todo este tiempo y la recibida ha sido ridícula, a quienes se les ha tenido que llamar la atención desde el Ministerio central en Madrid después de que mis familiares lo denunciasen directamente en vista de que a sus constantes llamadas a la embajada de Bucarest tampoco se les hiciese apenas caso con el consiguiente coste que conlleva en la factura telefónica. Han sido incapaces de ponerse en contacto ellos directamente con mis familiares para agilizar las gestiones de la transferencia de dinero y tan sólo después de la llamada al Ministerio de Madrid se han dignado a llamar y pedir disculpas por sus negligencias. He solicitado realizar una llamada desde la embajada a mi familia y la respuesta ha sido un claro negativo. La única "facilidad" que he recibido han sido 50 tristes leis (12,5 €) para estar en Bucarest mientras realizaba todas las gestiones necesarias para una transferencia de dinero, 50 leis que ni siquiera han salido de la embajada, sino de la cartera de Monica, la chica rumana trabajadora de la misma que me atendió el primer día y que por supuesto ya se ha encargado la prepotente de la embajadora en recordármelo, haciéndome sentir como un ladrón que no tuviese intención de devolverlo.

Pero bueno, tras estas palabras de cariño, mejor continuamos explicando como se ha desarrollado el día de hoy. Como iba diciendo, llego a la embajada pasadas las once de la mañana. Por suerte y asombro para mí, hoy no hay nadie en la embajada así que contento por ello lo primero que pienso es que no tendré que hacer cola. Es tal mi suerte, en cambio, que el nadie significa que tampoco halla persona alguna detrás de la ventanilla de atención, así que toca nuevamente esperar durante unos diez minutos hasta que aparece Monica (yo creo que avisada mediante móvil por el guardia de seguridad ante mis caras de desesperación) y me invita a pasar a la sala interior en la que ya he estado días anteriores. Según se me informa, el salvoconducto está listo, tan sólo falta la firma de la Embajadora.

Sentado en frente mío en la misma mesa se encuentra un hombre de unos treinta y cinco o cuarenta años, moreno, con una perilla y rasgos faciales que recuerdan a los del presentador catalán Andreu Buenafuente, incluso por un momento llego a pensar que es el mismo. Viste gafas de pasta negras con traje y corbata y conversamos durante un rato. Es catalán, y su empresa, una importante multinacional del sector informático, lo trasladó a Rumania hace dos años como director general en el país. Hablamos sobre lo que me ha sucedido los últimos días, me explica que me lo tome como una experiencia más en la vida, y sobre Rumania, de quien dice es un fantástico país para vivir a pesar de que al principio cuesta acostumbrarse a el. Me da una tarjeta personal con su número de contacto en caso de que necesite ayuda para algo y se despide tras arreglar sus asuntos con la embajada.

Mientras continuo esperando la firma del salvoconducto por parte de la embajadora, aparece otro grupo de españoles en la sala: dos chicos y una chica, catalanes también y de unos cuarenta años todos ellos. Están aquí por asuntos de negocios y muestran una opinión totalmente contraria acerca del país, de donde dicen sólo conocen ladrones, sinvergüenzas y un desastre de leyes. ¿En qué quedamos? Supongo que hay de todo en la viña del señor.

Salvoconducto de regreso a España
Con mi preciado salvoconducto firmado y en lugar más seguro en el interior de la mochila marcho dirección a Gara de Nord (Estación Norte de ferrocarriles) donde prestando en todo momento la máxima atención a otro posible hurto compro el billete para la localidad de Sinaia:

- What time is de first train to Sinaia? - pregunto.
- Rapid? - me pregunta la chica de la ventanilla. Rapid es un tipo de tren rumano que, como su nombre bien indica, resulta más rápido pero también el doble de caro.
- No, personal - No tengo prisa así que opto por la opción más económica y con una hora más de duración para el mismo trayecto.

La chica me gira la pantalla de su monitor y me enseña un listado de horarios y precios. El primer tren sale en una hora por 12´8 leis (3`04 €) para una distancia de 121 kms y tres largas horas de viaje.

- One ticket y second class, please.

Según avanzo por el andén de la estación observo los viejos vagones de color azul oxidado en el que se amontonan decenas de rumanos intentando ocupar los distintos compartimentos de su interior. Podía calificar a la gente que veo con un largo listado de adjetivos y ninguna de ellos sería bueno. Me entra la risa, pienso por que no habré cogido primera clase y recuerdo un texto que tuve ocasión de leer en internet de algún joven mochilero que se vio en similares circunstancias. Posteriormente he podido comprobar que mi primera impresión resulto peor de lo que luego sería y que no tiene por qué haber riesgo alguno viajando en segunda clase.

Estación de trenes Gara del Nord (Bucarest)

Pasillo interior del tren Bucarest-Brasov
Tras recorrer varios compartimentos encuentro uno donde una señora de edad avanzada comparte habitáculo con dos jovenes mochileras que están realizando un Interrail con el Global Pass. Su presencia me transmite seguridad así que tras preguntar si había hueco me siento frente a ellas. Entablamos una conversación como bien podemos, donde mi falta de vocabulario inglés marca los límites y crea alguna que otra situación cómica. Son polacas, con residencia en Cracovia, alegres y graciosas, y tienen la intención de ver Rumania durante seis días siguiendo dirección Norte-Sur de regreso a su país. Lo cierto es que he pasado un agradable trayecto en tren junto a ellas, tanto que casi me paso por alto mi parada. He sentido cierta pena al tener que bajarme en la estación de Sinaia y no continuar el viaje hasta su cercano destino Brasov, próxima parada para mí en el día de mañana.

Las dos chicas polacas y yo
Sinaia, "la perla de los Cárpatos" como se la conoce, se sitúa a lo largo de la Riviera Prahova, a los piés de los montes Bucegi, y es uno de los principales destinos turísticos del país desde que el rey Carol I la seleccionase para levantar en ella su residencia real veraniega. Es muy típico que al bajarte del tren seas asediado por varios residentes que te ofrecen sus casas y/o habitaciones a precios realmente económicos para el europeo occidental, oscilando entre los 40 y 50 leis en el caso más caro, lo que viene a ser una media de entre 9´5 y 12€.

He tenido que visitar varias casas hasta que finalmente me he decidido por una, quizás no la mejor pero si la más económica y mejor situada respecto al centro de la localidad, en la que por 40 leis he disfrutado de habitación con baño exclusiva para mí a menos de 3 minutos del centro, así como televisión por satélite.

Tras realizar compras para lo que resta de día en un supermercado cercano y cenar haciendo zapping entre una espantosa telenovela mexicana en la que la protagonista, una chica de pechos de grandes dimensiones y recién operada, era acosada por su mafioso cirujano plástico, y un absurdo programa (no chino) en el que salían unos pollos echando carreras, me he acostado, he abierto el libro de La Aventura de viajar y me he dejado llevar por las entretenidas situaciones vividas por su autor antes de caer rendido en las garras de Morfeo.

Haciendo zapping desde la cama del hostal de Sinaia
Ya está, por fin puedo decirlo alto y claro: La revedere Bucureşti, Sinaia Bine ati venit.