Tensa espera para la hora de marchar




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Un dia mas suena el despertador a la misma hora de siempre. Si bien no he podido conciliar el sueno hasta bien entrada la madrugada debido a un grupo de mochileros que estaban montando el escandalo padre y el continuo zumbido del aleteo de los mosquitos que se han pegado un buen festin con mis piernas, reconozco que el sofa del albergue ha sido bastante mas comodo de los esperado. Se agradece, ademas, que la temperatura en la sala de estar en la que he pasado la noche haya sido considerablemente inferior a la existente en el interior de cada una de las habitaciones.


Tras una rapida ducha me despido de Dalpat y Tyler, asi como de los duenos del hostal. Espero que, de una vez por todas, esta sea la definitiva y pueda avandonar esta maldita ciudad. El albergue Villa Helga Yoult Hostel Bucharest esta situado en Busolei Street 7A y lo regenta un matrimonio de unos 40 anos junto a los que supongo seran sus hijos. La mujer al igual que las dos rumanas que conocia el dia anterior, sabe algo de Espanol gracias a ver las telenovelas que se emiten en version original subtitulada en algunos de los canales rumanos. Se ofrece a guardarme la mochila mientras realizo los tramites en la embajada pero opto por llevarmelo conmigo para, de esta forma, poder marchar directo a la estacion de tren.

Esta vez si, el camino que tantas veces he repetido a la embajada decido realizarlo en metro, un breve trayecto entre las estaciones de Stefan Cel Mare y Piaca Victorie. Asi evito volver a ver la espantosa arquitectura del regimen comunista impuesto por Ceaucescu.


Llego a la embajada, a estas alturas mi segunda casa. Los guardias me tutean en un ingles que no hay padre santo entienda; del castellano castellano mejor ni hablar. Se rien, que graciosos... una vez mas, los mando mentalmente al infierno y paso a la ventanilla de recepcion. Una mujer esta llorando y pidiendole una solucion a la chicha que atiende en ventanilla. Pongo un poco la oreja y consigo entender que su marido ha sido encarcelado en Espana por algun asunto de drogas. Por lo visto habia viajado por motivos de trabajo o vacaciones (no llego a comprender muy bien) y algun traficante ha utilizado la vieja artimana de introducirla en el equipaje de los turistas. Por un momento pienso que hay gente mas desafortunada que yo en el mundo. No se si esto me agrada o no...

Tras una relativa espera me pasan a la sala interior de la embajada, me recojen la documentacion necesaria para formalizar el salvoconducto y me toman la huella dactilar de mi dedo indice derecho para su posterior envio y comprobacion por parte de la Policia espanola. Tengo en frente a una joven pareja; ella catalana, el rumano residente en Espana desde hace siete anos. Tienen la intencion de casarse y, a pesar de residir en Espana, quieren celebrar el acto eclesiastico en Rumania, por motivo expreso de la familia del chico. La broma 700 euros, por cuatro papeles a rellenar y un sello a poner por la embajada espanola. Ya no se quienes son mas ladrones, si la mafia rumana o el ministerio espanol... Por lo demas, feliz boda a los futuros marido y mujer.

La embajadora es una senora de unos cuarenta anos aproximadamente, alta y con pelo rizado. Con aires de grandiosidad y una actitud bastante rancia se acerca y me pregunta que voy a hacer al final, si marcharme de la misma o el dia que tenia pensado inicialmente. Me lo pienso y finalmente decido optar por la opcion inicial: continuare mi viaje a la Rumania profunda, aunque debere limitarme unicamente a la zona de Transilvania.

Mientras espero la confirmacion de mi huella dactilar por parte de la Policia espanola opto por visitar el norte de la ciudad: Parcul Herastrau, Lacul Herastrau y Lacul Floreasca. La zona, creado entre 1930 y 1936 al drenarse las zonas inmediatas al lago es sin lugar a dudas lo mas bonito de todo Bucarest. Paseo, saco alguna foto, leo y descanso bajo la sombra de uno de los numerosos arboles que existen en la zona.

A las 14'30 regreso a la embajada, donde me encuentro la puerta cerrada. Llamo al portero y una rumana bastante borde me explica en perfecto espanol que cierran a las dos. A las dos? Ayer estuve aqui mismo hasta las tres pienso mientras marcho lanzando en voz alta toda la coleccion de improperios que a lo largo de mi infancia tuve ocasion de aprender.

En Strada Lipscani, calle situada en el centro de la ciudad, se encuentra el restaurante City Grill. Por 19'9 lei lleno el estomago escogiendo entre una variada carta de menus. Un Menu 2, por favor, y de beber cerveza (5 lei). Un joven danes que come en frente mio se levanta y se ofrece a sacarme una foto. Nice to meet you, friend.

La tarde la aprovecho visitando el casco antiguo, lo que se conoce como el Pequeno Paris, donde pueden observarse numerosos edificios de finales del siglo XIX y comienzos del XX, de arquitectura tipica francesa. Tras recorrer el Bulervardul Unirii y ver el primer plano el gigantesco bloque de marmol de 365.000 metros cuadrados construido por y para Ceaucescu decido tomarme un respiro en el Parcul Izvor, junto a un grupo de adolescentes, donde un bulgaro se me acerca nada mas verme a preguntarme si tengo un mapa y que se lo ensene para situarse en el mismo. Se lo saco con cuidado de no repetir la jugada de Barcelona, giro la cabeza y me encuentro a otros dos tipos sospechosos que se acercan. Cuando ven que les veo me hacen un gesto con su dedo indice como de que no diga nada y directamente van a donde el tipo bulgaro y lo cogen de las manos. Nos piden la documentacion (mala suerte chico, me han robado todo) y me preguntan si llevo dinero encima, lo que niego rotundamente y pido que me ensenen su placa. Uno de los dos la saca, sera falsa? Me muestran un billete bulgaro y me preguntan si el mio, respondo que no, y tras repetirme algo del dinero que no llego a comprender marchan los tres. Sigo pensando si realmente eran policias vestidos de secreta o mas mafia rumana.

De regreso al albergue decido comprar la cena en una pequena tienda local regentada por una encantadora anciana y su hija. Practico rumano con ella e intercambiamos unas sonrisas. Los espaguetis que me preparo de cena son lo mas sabroso que he podido comer en los ultimos dias. Con el estomago lleno y tras unos quince minutos de charla con un polaco y un par de jovenes holandeses con los que comparto habitacion me acuesto en espera de abandonar, esta vez si, esta ciudad para siempre.