La experiencia de ser mochilero
3 de junio de 2009
23:29
"Una tarde, durante mi primer viaje por Uganda, regresaba a la capital, Kampala, a bordo de un todoterreno con chófer por una carretera polvorienta. En una curva del camino, nos cruzamos con una camioneta de caja abierta, de ese tipo que llaman pick-up, tan abundante en los países del Sur. Al menos un decena de africanos viajaban detrás, apretados como el ganado. Y entre ellos, recuerdo que distinguí a un joven blanco: sujetaba una mochila con el brazo derecho y las piernas le colgaban fuera de la caja. Era moreno, de pelo alborotado, vestía pantalones cortos y una camiseta negra, y calzaba grandes botas sobre calcetines negros.
Lo recuerdo con tanta nitidez porque, de inmediato, pensé que aquel muchacho sí que era un verdadero viajero. Me produjo una enorme envidia. Y desde entonces, cuando he viajado solo, lo he hecho como él: con una mochila en la que llevo las cosas imprescindibles y usando los transportes locales. Es incómodo, sin duda; pero me conforta el alma, me rejuvenece, me hace sentir que es cierto que viajo, todo lo contrario a que me lleven de viaje."
JAVIER REVERTE - La aventura de viajar
Corría el mes de noviembre del año 2002. Si mi cabeza no me engaña, yo por aquel entonces tenía 21 años. Era una tarde cualquiera en el aula de estudio que el Ayuntamiento de Portugalete tenía abierta para los estudiantes en general. En la calle el día era gris y lloviznaba a ratos. Recuerdo que fué en el momento de ir a realizar mi descanso cuando tuve por primera vez noticias del Inter-rail. Una vieja chincheta mantenía clavado en el tablón de anuncios, junto a la puerta de acceso al local, un pequeño tríptico con un mapa de Europa, coloreado y dividido por zonas con una breve explicación de cada una de ellas; tenía una palabra resaltada en su parte frontal, Inter-rail decía.
Así recuerdo yo mi primer contacto con una de las más bonitas experiencias que todo viajero que se precie no debe perderse en la vida. Parece que fué ayer cuando deseé por primera vez vivir la aventura de Inter-rail, viajando en trenes de todo tipo, por países para mí desconocidos, con un presupuesto limitado y, sin embargo, hace ya 7 años de esto que os estoy contando, 7 años en los que la experiencia ha mejorado mi forma de plantear el viaje, 7 años en los que, a pesar de haber mejorado ostensiblemente mi poder adquisitivo, no hay instante en la que me plantee cambiar esta forma de viajar en favor de lujos y comodidades del turismo que las grandes agencias de viajes día tras día nos intentan vender.
Comprendo que haya gente que no disfrute de esta tipo de actividad, que gusten de tumbarse al sol en una gustosa tumbona de un gran complejo hotelero, esperando que el camarero de turno les acerque un nuevo combinado sin moverse del sitio con tan solo levantar una mano, descansando y evadiéndose del frenético ritmo de vida que la sociedad actual no obliga a mantener.
El viaje del mochilero va mucho más allá.
Habían pasado 3 años desde que conocí esta forma de viajar a través de aquel tríptico. Había esperado mucho tiempo que llegase el ansiado momento de partir. Para mucha gente la esencia de interrail consiste en esos minutos previos a la partida, los nervios de tener todo lo que te hará falta, el reunirte con los que serán tus compañeros/as de viaje, el peso inhumano de tu mochila, los primeros momentos en los que te lamentas de haber metido equipaje de más y que sobradamente sabes que nunca llegarás a utilizar, el miedo a saber si serás capaz de aguantar, la alegría e ilusión por la que tu consideras tu gran aventura... el viaje por el que has estado ahorrando a lo largo de los últimos meses.
Da comienzo tu andadura. El lema es "ver lo más gastando lo menos". En cualquier otro instante o situación doblarías la rodilla ante el constante peso de la mochila en tu espalda pero esta vez es diferente, aguantas lo que en cualquier otro momento no habrías sido capaz de soportar. Y de repente, a los pocos días de haber abandonado tu hogar familiar, te das cuenta de que tu vida a dado un giro de 180º y te ves inmerso en una sensación que nunca antes habías sentido, en un mundo hasta entonces para tí desconocido, compartiendo sonrisas e historias en vagones, literas, albergues y parques con gente que nunca antes habías visto, gente de distintos países, distintas culturas y distinta mentalidad, y una sensación de plena libertad te recorre el cuerpo, la sensación que sólo un viaje de estas características te puede ofrecer.
Así es como decides que esta es la vida que quieres tener.
Lo recuerdo con tanta nitidez porque, de inmediato, pensé que aquel muchacho sí que era un verdadero viajero. Me produjo una enorme envidia. Y desde entonces, cuando he viajado solo, lo he hecho como él: con una mochila en la que llevo las cosas imprescindibles y usando los transportes locales. Es incómodo, sin duda; pero me conforta el alma, me rejuvenece, me hace sentir que es cierto que viajo, todo lo contrario a que me lleven de viaje."
JAVIER REVERTE - La aventura de viajar
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Corría el mes de noviembre del año 2002. Si mi cabeza no me engaña, yo por aquel entonces tenía 21 años. Era una tarde cualquiera en el aula de estudio que el Ayuntamiento de Portugalete tenía abierta para los estudiantes en general. En la calle el día era gris y lloviznaba a ratos. Recuerdo que fué en el momento de ir a realizar mi descanso cuando tuve por primera vez noticias del Inter-rail. Una vieja chincheta mantenía clavado en el tablón de anuncios, junto a la puerta de acceso al local, un pequeño tríptico con un mapa de Europa, coloreado y dividido por zonas con una breve explicación de cada una de ellas; tenía una palabra resaltada en su parte frontal, Inter-rail decía.
Así recuerdo yo mi primer contacto con una de las más bonitas experiencias que todo viajero que se precie no debe perderse en la vida. Parece que fué ayer cuando deseé por primera vez vivir la aventura de Inter-rail, viajando en trenes de todo tipo, por países para mí desconocidos, con un presupuesto limitado y, sin embargo, hace ya 7 años de esto que os estoy contando, 7 años en los que la experiencia ha mejorado mi forma de plantear el viaje, 7 años en los que, a pesar de haber mejorado ostensiblemente mi poder adquisitivo, no hay instante en la que me plantee cambiar esta forma de viajar en favor de lujos y comodidades del turismo que las grandes agencias de viajes día tras día nos intentan vender.
Comprendo que haya gente que no disfrute de esta tipo de actividad, que gusten de tumbarse al sol en una gustosa tumbona de un gran complejo hotelero, esperando que el camarero de turno les acerque un nuevo combinado sin moverse del sitio con tan solo levantar una mano, descansando y evadiéndose del frenético ritmo de vida que la sociedad actual no obliga a mantener.
El viaje del mochilero va mucho más allá.
Habían pasado 3 años desde que conocí esta forma de viajar a través de aquel tríptico. Había esperado mucho tiempo que llegase el ansiado momento de partir. Para mucha gente la esencia de interrail consiste en esos minutos previos a la partida, los nervios de tener todo lo que te hará falta, el reunirte con los que serán tus compañeros/as de viaje, el peso inhumano de tu mochila, los primeros momentos en los que te lamentas de haber metido equipaje de más y que sobradamente sabes que nunca llegarás a utilizar, el miedo a saber si serás capaz de aguantar, la alegría e ilusión por la que tu consideras tu gran aventura... el viaje por el que has estado ahorrando a lo largo de los últimos meses.
Da comienzo tu andadura. El lema es "ver lo más gastando lo menos". En cualquier otro instante o situación doblarías la rodilla ante el constante peso de la mochila en tu espalda pero esta vez es diferente, aguantas lo que en cualquier otro momento no habrías sido capaz de soportar. Y de repente, a los pocos días de haber abandonado tu hogar familiar, te das cuenta de que tu vida a dado un giro de 180º y te ves inmerso en una sensación que nunca antes habías sentido, en un mundo hasta entonces para tí desconocido, compartiendo sonrisas e historias en vagones, literas, albergues y parques con gente que nunca antes habías visto, gente de distintos países, distintas culturas y distinta mentalidad, y una sensación de plena libertad te recorre el cuerpo, la sensación que sólo un viaje de estas características te puede ofrecer.
Así es como decides que esta es la vida que quieres tener.